Una pequeña introducción a RFT

Tocaremos hoy uno de los temas vinculados a ACT más aburridos e interesantes (depende de quién lo lea). Me refiero, por supuesto, a RFT (por las siglas de Relational Frame Theory, o Teoría de Marco Relacional).

Una de las características más interesantes de ACT es que, a diferencia de prácticamente todos los otros modelos de psicoterapia, forma parte de un proyecto psicológico más amplio, denominado Ciencia Contextual Conductual (CBS).

Vale la pena detenerse en esto. La enorme mayoría de los modelos de psicoterapia existentes surgen de observaciones clínicas o bien de elaboraciones de modelos ya existentes, y las más de las veces la investigación básica es inexistente o bien aparece y se sistematiza mucho después de que el modelo se hace popular. Cuestiones tan básicas como qué es un pensamiento (o, más divertido, cuál es el límite que separa un pensamiento de otro), o de qué manera se puede operacionalizar tal o cual hipótesis, quedan postergadas. El resultado suele ser el equivalente a construir una casa empezando por las paredes y el techo, dejando los cimientos para más tarde, lo cual a la larga complica un poco las cosas. ACT (o mejor dicho, la CBS), ha tomado el camino opuesto, empezando por la ciencia básica y dejando en último lugar las aplicaciones clínicas. Como muestra basta un botón: entre el primer artículo “ACToide” y la publicación del primer libro de ACT pasaron 15 años.

Un abordaje de la cognición y el lenguaje

Ahora bien, ¿por qué desarrollar un abordaje sobre el lenguaje y la cognición? Citemos a Stewart y Roche (2013)

Comprender el lenguaje es crucialmente importante para comprender la psicología humana. Por esta razón, los psicólogos necesitan un abordaje del lenguaje que sea científicamente adecuado. Tal abordaje tendría que estar basado en investigación empírica y proveer una explicación de abajo hacia arriba de los procesos relevantes de interacción entre conducta y ambiente, comenzando por lo simple e incrementalmente avanzando hacia lo complejo, produciendo así una terminología y metodologías asociadas que permitan predicción e influencia con respecto a tal fenómeno.

El asunto es este: si bien hay numerosas teorías que dan cuenta de la adquisición y el funcionamiento del lenguaje, pero pocas cumplen con los criterios que enumeran Stewart y Roche. Cualquiera puede formular una hipótesis, pero si queremos poder hacer algo con dicha hipótesis necesitamos investigación empírica que, en primer lugar, confirme dicha hipótesis y en segundo lugar que llene los blancos (cómo se adquiere, bajo qué circunstancias, etc.). Esto es necesario si queremos una teoría útil, es decir, una teoría que nos permita intervenir sobre fenómenos asociados al lenguaje, tales como educación, fluencia en habilidades lógico-simbólicas, retrasos de desarrollo, psicopatología, entre otros.

RFT intenta cumplir con esos criterios, y hasta ahora, aunque aún falta mucho trabajo, la cosa marcha notablemente bien.

El corazón de RFT

Dado que con toda probabilidad la mayoría de los lectores (y cuando digo “lectores”, me refiero a tres amigos a los cuales les pagamos una considerable suma de dinero para que lean estos artículos), no van a leer nunca un libro de RFT, aquí va la definición técnica, que resulta extremadamente útil para parecer inteligente en las fiestas:

Teoría de Marco Relacional es un abordaje conductual-analítico del lenguaje y la cognición humana. RFT trata a las respuestas relacionales como una operante generalizada, y apela así a una historia de entrenamiento de ejemplares múltiples. Los tipos específicos de respuestas relacionales, llamadas marcos relacionales, son definidas en términos de tres propiedades: vinculación mutua, vinculación combinatoria y la transformación de las funciones. Los marcos relacionales son arbitrariamente aplicables, pero típicamente no son necesariamente aplicados en el contexto de lenguaje natural.

Hayes et al (2001)

Esta definición, si bien técnicamente precisa, es un poco árida porque involucra términos técnicos con los cuales no solemos estar familiarizados. Si me siguen, hagamos una carnicería con RFT para hacerla más accesible.

Ante todo: RFT es una teoría conductual. Esto implica que excluye constructos mentalistas: prescinde de conceptos como mente, estructuras, procesos, sistemas cognitivos, etc. Los marcos relacionales no son “cosas”, sino conductas o actividades (quizá sería más apropiado reemplazar “marcos relacionales” por “enmarcar relacionalmente”, como acción)

RFT postula que el corazón del lenguaje y la cognición, lo que constituye su núcleo, son las respuestas relacionales derivadas.

Responder relacionalmente es responder a un estímulo según su relación con otro. Por ejemplo: ¿cuál es el más grande de los siguientes estímulos en cada uno de los ejemplos?

ejemplos de AARR

En este caso, al seleccionar uno u otro círculo no están respondiendo a una propiedad absoluta de cada estímulo, sino a la relación que hay entre ellos. La mayoría de los animales puede aprender a emitir este tipo de respuestas relacionales. Después de haber sido entrenado con varios ejemplos similares un pájaro que recibió un refuerzo al seleccionar el óvalo gris en el ejemplo 1, va a seleccionar el círculo amarillo en el ejemplo 2, a pesar de que seleccionar el óvalo fue lo reforzado. Responder a la relación se vuelve entonces una respuesta operante (operante en el sentido de condicionamiento operante), que se puede aplicar a una amplia gama de situaciones, como por ejemplo, seleccionar la semilla más grande de un montón, sin importar el tamaño absoluto sino el relativo.

Ahora bien, en este caso, las propiedades que controlan estas relaciones son “no arbitrarias”, lo cual quiere decir que dependen de características físicas, contantes y sonantes de los estímulos (cuál es el estímulo de mayor tamaño). Si en gráfico les hubiera pedido señalar en cambio “cuál es el más lindo de los siguientes estímulos”, la respuesta que den dependería de propiedades “arbitrarias” del estímulo.

Si aún no se han dormido, avancemos un poco más. Las respuestas relacionales pueden ser abstraídas. Si tomamos el ejemplo de nuestro gráfico, uno no aprende la conducta de “seleccionar el óvalo gris”, sino la conducta de “seleccionar el más grande de los estímulos”. Pero una vez que la conducta se abstrae, se convierte en una herramienta que puede utilizarse para una variedad de situaciones. Esa conducta de relacionar, una vez abstraída, se puede aplicar arbitrariamente, es decir, otras características del contexto, que no son las propiedades físicas del estímulo, pueden controlar que emitamos una respuesta. Supongamos que les pidiera elegir a continuación el más grande de los siguientes estímulos:

grafico 2

En este caso, si eligieron los 100 dólares (si viven en Argentina, seguro se les cayó un lagrimón mientras lo hacían), no fue porque un billete fuera más grande per se que el otro; no hay nada en esos dos estímulos que indique cuál es más grande, la relación es puramente arbitraria. Este tipo de respuestas no está controlada por una característica del estímulo en sí. Por eso las llamamos “Respuestas Relacionales Arbitrariamente Aplicables”. Hace muchos años aprendieron a responder a cuál es el más grande de entre dos estímulos, primero según las características físicas del estímulo, y luego ese tipo de respuestas fueron abstraídas y puestas bajo control de pistas contextuales arbitrarias.

Ahora bien, estas respuestas relacionales en los seres humanos tienen un par de características. En primer lugar, son reversibles. Si les dijera que 100 dólares valen más que 100 pesos argentinos, cuando les preguntara cuál vale menos, me dirían inmediatamente “100 pesos” (y otro lagrimón se les caería), sin que esa respuesta hubiera sido entrenada. Si les dijera que la palabra “pez” es equivalente a “fish” en inglés (estableciendo una relación de equivalencia entre ambos estímulos), y si les pidiera luego “alcanzame el fish”, no tendrían problemas en responder adecuadamente. El término técnico para esto es “vinculación mutua”, y es un tipo de respuesta que parece ser casi exclusiva de los seres humanos.

La segunda característica es que este tipo de respuestas relacionales son además de reversibles, combinables. Esto es, si luego de decirles que pez es equivalente a fish, les dijera “fish es igual a ryba” en polaco, podría decirles “alcanzame el ryba”, y nuevamente podrían responder adecuadamente, a pesar de que nunca entrené directamente una relación entre pez y ryba. Esto se denomina “vinculación combinatoria”, y es la segunda característica de este tipo de respuestas.

Todo esto que parece obvio para quien tiene años de experiencia con el lenguaje, permite derivar respuestas relacionales, lo cual permite en poco tiempo generar una enorme cantidad de respuestas.

Supongamos que entreno directamente lo siguiente:

  1. 100 euros vale más que 100 dólares
  2. 100 dólares valen más que 100 pesos

A causa de la reversibilidad y las propiedades combinatorias de las respuestas relacionales, se deriva lo siguiente:

  1. 100 euros valen más que 100 pesos
  2. 100 dólares valen menos que 100 euros
  3. 100 pesos valen menos que 100 dólares
  4. 100 pesos valen menos que 100 euros.

Es decir, cuando entrenamos directamente 2 respuestas,  obtenemos 6 respuestas relacionales (dos directas y cuatro derivadas). Imagínense que agregamos un término más, por ejemplo, el peso boliviano. Tendríamos ahora las siguientes relaciones entrenadas directamente:

  1. 100 euros vale más que 100 dólares
  2. 100 dólares valen más que 100 pesos argentinos
  3. 100 pesos argentinos valen más que 100 pesos bolivianos

Pero las derivadas serían:

  1. 100 euros valen más que 100 pesos argentinos
  2. 100 euros valen más que 100 pesos bolivianos
  3. 100 dólares valen más que 100 pesos bolivianos
  4. 100 dólares valen menos que 100 euros
  5. 100 pesos argentinos valen menos que 100 euros
  6. 100 pesos bolivianos valen menos que 100 euros
  7. 100 pesos argentinos valen menos que 100 dólares
  8. 100 pesos bolivianos valen menos que 100 dólares
  9. 100 pesos bolivianos valen menos que 100 pesos argentinos

Es fácil ver cómo estas dos características pueden llevar rápidamente a una explosión de posibles respuestas relacionales. Se ha postulado que el rápido incremento del lenguaje de los niños podría estar que ver con el aprendizaje de este tipo de respuestas, pero es una cuestión empírica ver si realmente es así.

Hay una característica más de estas respuestas relacionales: la transformación de la función de estímulo, que es clínicamente la más interesante.

Cuando entre un estímulo A y un estímulo B se establece algún tipo de relación, la función psicológica de B cambia según el tipo de relación con A. Tomemos el ejemplo anterior de las divisas, y supongamos que en una entrevista de trabajo en Argentina se enteraran que les van a pagar 100 pesos bolivianos por día; probablemente ese trabajo adquiriría una función aversiva y lo rechazarían. Si les ofrecieran en cambio 100 euros por día, se convertiría en un trabajo muy deseable. La función psicológica del empleo ofrecido se modificaría según la relación que hay entre pesos argentinos, euros y pesos bolivianos.

Podemos ofrecer ahora una definición: un Marco Relacional es un tipo de respuesta relacional arbitrariamente aplicable que exhibe las propiedades de

  • vinculación mutua,
  • vinculación combinatoria y,
  • transformación de la función de estímulo.

Cuando hablamos de cualquier pieza de conducta verbal -digamos,  una persona diciéndole a otra «el salero está en la cocina», estamos hablando de la aplicación de múltiples conductas de enmarcar relacionalmente por parte de hablante y oyente: marcos de coordinación entre «salero» y el salero, y entre «cocina» y la cocina; marcos jerárquicos -«está en», y además la función  psicológica que emitir esa frase tuviera.

Eso que nos parece tan sencillo y cotidiano es en realidad el resultado de años de entrenamiento individual para cada uno (piensen en lo compleja que es la habilidad, que recién hacia la adolescencia terminamos de adquirir fluidez con el lenguaje), y de millones de años de pequeños cambios evolutivos que lo hicieron posible.

Las consecuencias clínicas de los marcos relacionales

Síganme un poco más, que la cosa se pone interesante aquí. Las  respuestas relacionales se van complejizando a medida que se van incorporando nuevos tipos de respuestas relacionales (grande-chico; mejor-peor; opuesto a; igual que; antes-despues; parte de; etc.), y gradualmente se comienzan a desarrollar “redes” de respuestas relacionales. Cualquier estímulo participa en múltiples redes de respuestas relacionales: una manzana es más chica que una pera, más sana que un chocolate, más barata que un melón, es una fruta (relación jerárquica), etc.

Estas respuestas relaciones eventualmente se aplican a las personas; primero a los otros (Gustavo es mejor amigo que Juan; Carla es más linda que Romina, etc), y luego a sí mismo (soy más rápido que Ernesto; soy menos inteligente que Augusto, etc.). Se van armando redes de respuestas que se consolidan en “historias”. Y esas historias van modificando la función de los estímulos según las redes relacionales. Supongamos que he desarrollado una historia de “soy menos capaz que las otras personas”, y que me ofrecen un trabajo de 1000 euros por día, que implica bastante responsabilidad. Esa historia puede modificar la función de estímulo que tiene ese trabajo, convirtiéndolo en algo aversivo (algo así como “soy menos capaz que otras personas—- soy menos capaz para ese trabajo”). Aún más, eventualmente estas redes de relaciones desarrollan las habilidades de resolución de problemas, a través de respuestas relacionales. Por ejemplo: ¿tengo una puerta que se cierra con el viento, qué es preferible para trabarla, una manzana o una sandía?

Ahora bien, las respuestas relacionales de este tipo no se pueden “frenar”. Por ejemplo, en algún momento aprendieron que cierto conjunto de líneas forman la palabra “estúpido”. Ahora bien, en este momento están leyendo, probablemente en una pantalla; traten de no “leer” la siguiente palabra: IMBÉCIL. Por mas que intenten, no pueden ver en “IMBÉCIL” un conjunto de líneas. Sin embargo, cuando tenían 5 o 6 años “IMBÉCIL” eran solo líneas y puntitos sobre un papel, nada más.

Una vez que aprendemos a responder relacionalmente no podemos evitar seguir respondiendo así, en parte porque es extraordinariamente útil (piensen en todo lo que han estado leyendo si, dios no lo permita, han llegado hasta aquí). Cuando añadimos una nueva relación, no borramos las anteriores. Si tenemos “yo soy estúpido” (relación de equivalencia entre dos redes verbales: “yo” y “estúpido”), y le agregamos “soy estúpido es un pensamiento incorrecto”, no borramos la primera relación, sino que hicimos dos cosas:

  1. Reforzar las respuestas relacionales
  2. Añadir una nueva relación (“estúpido es incorrecto”)

Por este motivo es que las afirmaciones positivas en psicología suelen tener malos resultados: se fortalece la evaluación y la comparación, y se complejizan más las redes relacionales.

Por eso es que en ACT intentamos no modificar las relaciones, sino la transformación de la función. En otras palabras, no buscamos modificar los pensamientos sino reducir el impacto de lo verbal sobre los estímulos. Por supuesto, no es posible eliminar el impacto de lo verbal sobre los estímulos, pero sí es posible disminuirlo de manera de permitir flexibilidad en las acciones. Entonces, puedo tener la relación “soy menos capaz que otras personas por lo tanto soy menos capaz para ese trabajo”, y reduciendo el impacto que esa relación tiene sobre la función del estímulo (el trabajo), de todos modos puedo aceptar y puedo entrar en ese puesto de trabajo.

También buscamos disminuir la transformación de estímulos respecto a las emociones y pensamientos. Si las emociones son meramente estímulos y no las trato como algo a evitar (es decir, no tienen funciones aversivas para mí, aún cuando sean objetivamente displacenteras), entonces “no hago X porque voy a sentir miedo”, se cae.

Hay, sin embargo, un ámbito dentro de ACT en donde utilizamos deliberadamente este tipo de relaciones, y es en el área de Valores. Los valores son reglas verbales que establecen consecuencias abstractas deseables (por ejemplo, “quiero ser una persona cariñosa”), y que permiten funcionar como guía para las acciones de una persona.

Las técnicas de defusión y mindfulness en general en ACT tienen esa finalidad: reducir el impacto de lo verbal sobre la conducta. Todo lo verbal es increíblemente útil: nos permite controlar el mundo, predecir posibles escenarios, resolver problemas, comunicar dificultades, obtener cooperación. Pero tiene una contracara que es el limitar la flexibilidad de la conducta. En ciertos contextos limita las opciones, limita el número de conductas posibles ante una determinada situación. Un niño quizá tenga un repertorio amplio de conductas frente a un enchufe eléctrico: jugar, chuparlo, tocarlo. En el momento en que aprende “un enchufe es peligroso”, las opciones de conducta se reducen: lo maneja con más cuidado, evita tocarlo (como suelo decir, soy testimonio de primera mano de ello, después de casi electrocutarme a los 6 años. Y a los 9 años. Y después a los 12 años, y el mes pasado… Creo que no estoy captando el mensaje.)

El objetivo de ACT, entonces, es reducir el impacto de lo verbal para permitir que aflore esa flexibilidad de manera de permitir conductas que sean más adecuadas a los valores de cada persona.

Aplicaciones de RFT

Como les prometí, ha sido una carnicería lo que acabo de hacer como RFT, sepan disculpar. RFT es importante porque permite comprender qué es lo que realmente hacemos cuando trabajamos con ACT, y estar familiarizado con las ideas básicas permite trabajar mejor en la clínica. Para usar una analogía, un piloto de carreras no necesita ser mecánico, pero cuando sabe cómo funciona el motor, la caja de cambios y los frenos, puede manejar mejor.

Además de ACT, que vendría a ser la aplicación clínica de estos principios, RFT cuenta con un campo creciente de aplicaciones propias. En primer lugar, intervenciones de RFT están siendo utilizadas para trabajar con trastornos de desarrollo, aprendizaje de segundas lenguas, relaciones deícticas vinculadas a teoría de la mente (para todo esto véase Barnes & Rehfeldt, 2013), habilidades cognitivas y lingüísticas, habilidades matemáticas, etc. (Stewart et al, 2013), estudios sobre cambio actitudinal, y mucha, pero mucha investigación básica.

Recorrer todo eso excedería el alcance del artículo, pero les dejo los vínculos a los libros, por si les interesa, para que recorran a su antojo. Y un pedido especial: hoy estoy especialmente interesado en cualquier comentario o duda que tengan al respecto, dado que el tema es tan arduo como apasionante. Vamos a dejar habilitada la sección de comentarios, siéntanse libres de escribir allí o, si es una pregunta más difícil, pueden usar la sección de Contacto de la página.

Saludos urbi et orbe.

Bibliografía

2001 – Relational Frame Theory – Hayes, Barnes-Holmes & Roche

2010 – Learning RFT – Torneke

2013 – Advances in Relational Frame Theory – Dymon & Roche

 

9 comentarios

  1. Gracias Fabián. Estoy haciendo el master en terapias contextuales (ACT, FAP) del Instituto ACT de Madrid, dirigido por Carmen Luciano, y me viene bien tu explicación de la RFT, para complementar. Sigo tus artículo. Todo mi apoyo, recibe un saludo.

  2. Gracias Fabian, lo entiendo por primera vez gracias a vos. Ademas muy graciosos muchos de tus comentarios. A mi no se me cae ningun lagrimon ya que escribe desde Israel. Por favor, segui escribiendo y aclarando.