Defusión a través de la infusión

Nuevamente nos encontramos con un excelente artículo de Mattiew Villatte  publicado en Practice Ground y para que más personas puedan leerlo decidimos traducirlo al castellano, con autorización del autor. El artículo original pueden encontrarlo acá.

Defusión a través de la infusión*

Por Matthiew Villatte

La defusión es un proceso poderoso; quizá se trate del más importante de todos los procesos de ACT destinado a aumentar la flexibilidad psicológica –junto con aceptación, contacto con el momento presente y yo como contexto-.

¿Por qué? Porque la fusión cognitiva lleva a la evitación, a la perdida de contacto con el presente y al apego al yo conceptualizado. Debido a propósitos pragmáticos, el modelo ACT generalmente se presenta compuesto por seis procesos (añadiendo valores y acción comprometida a la lista) pero la fusión es probablemente el principal proceso de inflexibilidad, convirtiendo a la defusión en la mejor aliada para ayudar a los clientes a cambiar. No queremos decir que el contacto con el presente, la aceptación y el yo como contexto sean poco importantes sino, más bien, que son instancias de defusión más que procesos totalmente distintivos.

Cuando un cliente está defusionado nuestro trabajo se hace más fácil. Podemos focalizar entonces  en entrenamiento en habilidades, clarificación de valores y motivación.

Recuerden los tres pasos para la defusión:

  • Notar secuencias comportamentales (en particular pensamiento-acción-consecuencia)
  • Evaluar la efectividad de la acción en términos de los valores
  • Incrementar la flexibilidad de respuesta a los pensamientos

Si los clientes son habilidosos en estas tres áreas, el único elemento principal que necesitarían es una dirección (valores claros). Trabajar sobre las acciones requerirá menos trabajo si la defusión y los valores son fuertes porque las barreras hacia una vida con sentido serán mucho más fáciles de superar.

¿Pero qué ocurre si la fusión es alta?

Es generalmente a través de la repetición de las técnicas de defusión –ejercicios formales o interacciones verbales más naturales- que el cambio comienza a ocurrir. Se suele decir que aprender un nuevo movimiento requiere cientos (algunos incluso dicen miles) de repeticiones para que quede bien integrado a nuestro repertorio. Una búsqueda rápida revela, sin embargo, que esto es más bien una creencia popular y no algo científico. Después de todo, ¿acaso no notamos todos momentos en los cuales una metáfora, un ejercicio o una pregunta transforman radicalmente al cliente? Pero aun así el cambio lleva tiempo generalmente, especialmente si se trata de viejos hábitos.

Algunos de nuestros clientes están particularmente fusionados. Solemos llamarlos “rígidos”. No sientan vergüenza de esta etiqueta ya que en realidad captura bastante bien la sensación de estar fusionado, y nosotros podemos experimentar también esa sensación con bastante facilidad: se vuelve difícil mirar el mundo desde diferentes puntos de vista, imaginar interpretaciones alternativas o soltar una opinión –incluso cuando las acciones basadas en esa opinión tienen un costo alto o son dañiñas. Se siente rígido.

¿Qué experimentás cuando interactuás con un cliente “rígido”? Adivino que no es raro que comiences a sentirte rígido también. Aún con toda la compasión y la aceptación del mundo, es difícil permanecer abierto cuando enfrentas consistentemente una pared de rigidez, especialmente cuando el contenido de lo que se está diciendo contradice tus propias creencias.

¿Qué podemos hacer, entonces, cuando un cliente está altamente fusionado? Si has tratado de decirle a un cliente que “agradezca a su mente por ese pensamiento” luego de que él se quejó sobre lo injusto que es el mundo, habrás notado que él encontró muchos más argumentos que apoyaban su pensamiento original respecto a que el mundo no es justo. La fusión no disminuyó sino que se incrementó. Cuando la fusión es alta, las técnicas de defusión pueden sentirse como invalidantes y alimentar la fusión. No se trata de que la defusión no sea apropiada aquí, se trata de que requiere paciencia y disposición a experimentar un cierto grado de fusión. ¿Fusión? Sí, leíste bien.

Dejame explicar esta idea con una metáfora. Probablemente sepas que el té contiene cafeína y que la cafeína es una estimulante. Por esta razón, mucha gente evita tomar té por la noche, del mismo modo que evitamos tomar café para evitar problemas de sueño. Lo que es menos conocido respecto del té es que también contiene taninos, los que contrarrestan los efectos de la cafeína. Pero para beneficiarse de los efectos de los taninos, el té necesita infusionarse por más tiempo. Esto significa que, de manera algo contraintuitiva, cuanto más infusiones el té, menos efecto estimulante tendrá.

¿Y si enfocamos la rigidez como si fuera té? Esto significaría que la fusión sería el antítodo para la fusión. Pero, si queremos que el efecto benéfico ocurra, necesitamos que la rigidez se “infusione” durante un rato. Necesitamos acompañar a los clientes en los relatos e historias que cuentan, al menos por un momento.

En ACT en general se nos estimula a soltar la historia**, pero quizá a veces necesitamos soltar la historia de que necesitamos soltar la historia. Quizá necesitamos confiar en que los clientes tienen la fortaleza para defusionarse, aun cuando están altamente fusionados. Es más fácil confiar en su capacidad para sobreponerse a las dificultades cuando las emociones primarias son la fuente principal de sufrimiento que cuando la rigidez o el pliance son más centrales. Aun así, incluso clientes “rígidos” tienen taninos adentro suyo.

Entonces, ¿cuáles son los taninos de nuestros clientes? La respuesta es más simple de lo que crees. En cada historia hay un proceso. El único problema es que el contenido de la historia puede oscurecer el proceso y terminamos ahogándonos en o rechazando toda la historia en su conjunto. No dejamos a la historia infusionarse el tiempo suficiente. Pero si nos tomamos el tiempo de escuchar cuidadosamente, escucharemos las pistas que articulan los eventos contenidos en la historia. Estas pistas dicen mucho respecto al modo en que los clientes se relacionan con sus historias. Esas pistas son los taninos.

Acá va un ejemplo concreto: un cliente dice “No puedo creer que me despidieran. No tiene ningún sentido, es realmente injusto. Ahora estoy en graves problemas… ¿cómo voy a pagar el alquiler? Esto me pone en una situación terrible. Sólo porque llego tarde a veces eso no significa que tengan que despedirme, ¿no? ¡No es que no hago mi trabajo! ¿Sabés qué? Voy a ir al trabajo mañana, no me importa si me despidieron. Voy a ir y voy a trabajar como siempre. ¡Es injusto y no voy a permitirles que me arruinen la vida!”

Cuántas veces pensaste que esta persona estaba fusionada al leer estas líneas? Yo conté al menos dos. Concedido, no conocemos toda la situación. Pero justificar llegar tarde al trabajo y volver al trabajo después de haber sido despedido no son los modos más defusionados de encarar esta situación, verdad?  Sin embargo, el antídoto para tal estado de fusión se encuentra en la historia del cliente. Escuchemos de nuevo, y esta vez prestemos atención a los pistas.

“No puedo creer que me despidieran. No tiene ningún sentido (el cliente expresa confusión), es realmente injusto. Ahora estoy en graves problemas… ¿cómo voy a pagar el alquiler? Esto me pone en una situación terrible (el cliente expresa preocupación). Sólo porque llego tarde a veces eso no significa que tengan que despedirme, ¿no? ¡No es que no hago mi trabajo! (el cliente establece reglas) ¿Sabés qué? Voy a ir al trabajo mañana, no me importa si me despidieron. Voy a ir y voy a trabajar como siempre. ¡Es injusto y no voy a permitirles que me arruinen la vida!” (el cliente intenta escapar de sus preocupaciones a través del seguimiento de reglas).

Las pistas que señalo aquí corresponden a mi modo de escuchar la historia o puede haber otras maneras. Pero interpretada con estas pistas, la historia se vuelve útil para ayudar al cliente a desatorarse. Si le digo al cliente “gracias mente por ese pensamiento” o le pido que repita “es injusto” una y otra vez hasta que la palabra pierda su significado, mi apuesta es que el cliente no va a estar menos fusionado. La fusión tampoco creo que disminuya mucho si le pido que “mire la situación desde una perspectiva diferente”. Todas estas técnicas son usualmente útiles pero pueden darse contra la pared cuando la rigidez es alta.

¿Qué puedo decir en lugar de eso? Los clientes muy rígidos tienden a “encendernos” y nosotros en respuesta tendemos a ponernos más distantes, juiciosos y fríos.  Recordemos que para infusionar el té necesitamos agua caliente. Cuando nos mostramos cálidos y damos apoyo, aun cuando lo que escuchamos  es desagradable o desalentador, nuestros clientes están más abiertos a un modo diferente de escuchar la historia.

Concretamente, esto implica:

–          Escuchar la historia del cliente, validando sus sentimientos (por ejemplo: “pareces muy sorprendido por lo ocurrido”, “¿estás preocupado?”, “puedo entender que estés preocupado”)

–         Permanecer curiosos respecto a las reglas (por ejemplo: ver qué valores pueden extraerse de “eso no es justo” o “no se trata de que no hago mi trabajo!”)

–          Explorar con genuina curiosidad la efectividad de las respuestas guiadas por reglas (por ejemplo: “¿qué pensas que pasará si volvés al trabajo mañana?” y luego ¿qué? “¿Crees que te ayudaría a que te devuelvan el puesto?”, “¿te acercaría más a las cosas que te importan?”) y opciones alternativas (por ejemplo: “me pregunto si podríamos explorar algunas otras opciones juntos, sólo para asegurarnos de que no nos estamos perdiendo nada importante, qué te parece?”)

Mi consejo: intentá no contradecir a los clientes en este punto. No porque temas sus reacciones sino porque ellos estarán más abiertos a las pistas que les ayudás a notar si podés escuchar la historia completa. Permití que la historia se infusione. Permití a los taninos hacer su efecto. Confiá en el proceso.

 

*Traducción: Paula José Quintero

**la palabra original es story, la cual puede ser traducida como historia, relato o cuento. No tiene el sentido aquí de historia de aprendizaje.

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