Contextualismo y antropología – Citas ilustradas

Supongo que estarán desconsolados por el hecho de que hace rato no publicamos nada. Es eso, o ni siquiera se dieron cuenta, ingratos.

En cualquier caso, hoy les traemos una nueva cita ilustrada para arrancar la semana a todo ritmo, y como es usual, requiere una explicación previa.

La perspectiva contextual sobre los fenómenos psicológicos considera que aún los más extraños tienen sentido cuando se los considera en el contexto en el cual suceden. Se trate de animales o seres humanos, ninguna conducta se conceptualiza como irracional o errónea. Por eso se le atribuye a Skinner la expresión “La rata siempre tiene razón” (Keller parafraseó esa frase en “el estudiante siempre tiene razón”), porque el organismo siempre hace lo que el contexto refuerza que haga. Trátese de conductas supersticiosas, conductas depresivas, adicción, etc., todas las conductas son adecuadas al contexto (lo cual no es lo mismo que decir que todas las conductas sean deseables).

Ahora bien, la perspectiva contextual no es exclusiva de la psicología, sino que puede adoptarse en un amplio rango de disciplinas, en tanto se considere al objeto de estudio en tanto acción en contexto. Y así llegamos a la cita de hoy, de un texto de Marvin Harris. Harris era un antropólogo que escribió sobre diversas prácticas culturales desde una perspectiva contextual. Esto es, no explica las prácticas culturales como determinadas por contenidos simbólicos o creencias, sino como prácticas útiles en un contexto.

Tomemos, por ejemplo, el caso del canibalismo, del que Harris escribe extensamente en su libro Bueno para comer, que es el que citamos hoy. Podría pensarse que la humanidad ha abandonado mayormente el canibalismo -una práctica frecuente con los prisioneros de guerra en sociedades tribales- por razones éticas o morales: “está mal comerse a un enemigo”.  Harris, sin embargo, analizando factores más amplios, propone esta explicación: en sociedades organizadas, con estado y sistemas de producción de alimentos, se vuelve preferible no comer a un prisionero. En primer lugar, porque tiene más valor empleado como esclavo que servido como cena; en segundo lugar, porque no comerse a los prisioneros de guerra lleva a menor resistencia por parte de los pueblos conquistados (uno hace la guerra con más ahínco si sabe que en caso de perder lo van a hacer guiso); en tercer lugar, porque un prisionero se puede utilizar como moneda de cambio. Es decir, el cambio en la práctica cultural (incluida su sensibilidad y moral), es resultado del cambio en las condiciones materiales.

Y ahora sí, la cita, en la que Harris habla de cómo analizar hábitos alimentarios de otras culturas que nos parecen extraños:

 

Muchos expertos bienintencionados no se dan cuenta de que algunos tipos de estrategia de mejora parten del supuesto de que los hábitos alimentarios están dominados por pensamientos irracionales, no por costes y beneficios prácticos. Si las costumbres dietéticas son, en esencia, resultado de la ignorancia, la religión o el simbolismo, en tal caso lo que habrá que cambiar será lo que la gente piensa. Si, por el contrario, lo que parecen nocivos pensamientos simbólicos o religiosos forman en realidad parte del conjunto de circunstancias prácticas que rodea la producción y asignación de los recursos alimentarios o está condicionado por este, en tal caso serán dichas circunstancias prácticas lo que habrá que cambiar. La incapacidad para comprender el fundamento práctico de las preferencias y aversiones en materia de alimentación puede, por lo tanto, dificultar gravemente los intentos de hacer lo bueno mejor para comer. Puede conducir a remedios no solo ineficaces, sino peligrosos.

Bueno para comer, Marvin Harris

 

Lo más interesante de esta cita, para mí, es la compatibilidad con la perspectiva contextual en psicología. Por supuesto, se trata de un nivel distinto de explicación que nuestras explicaciones conductuales, pero no son en absoluto incompatibles.

No es que los musulmanes no coman cerdo por sus creencias religiosas, o que los hindúes tengan vacas sagradas por superstición, de la misma manera que en psicología no consideramos que las personas tengan conductas supersticiosas meramente porque son irracionales, o que consuman drogas para dañarse. En todos esos casos, hablamos de conductas generadas y sostenidas por un cierto contexto, muy adecuadas al mismo.

En ACT buscamos identificar los aspectos contextuales que sostienen conductas dañinas para la persona; Harris intenta identificar aspectos contextuales que sostienen prácticas culturales aparentemente irracionales. Y en ambos casos, el análisis está intensamente vinculado a las aplicaciones prácticas (noten que en la cita Harris está hablando de cómo se podrían modificar dichas prácticas culturales).

Quizá recuerden el objetivo del contextualismo funcional que usamos como base en toda la ciencia contextual-conductual: “predecir e influenciar [la conducta], con precisión, amplitud, y profundidad”. Ese “profundidad” se refiere a que las explicaciones en un nivel tienen que ser coherentes (o no contradictorias), con las explicaciones en otros niveles de análisis. Hemos escrito algunas veces sobre cómo las explicaciones conductuales son coherentes con la ciencia evolutiva; hoy vimos lo mismo con respecto a la antropología (una forma de antropología, al menos).

Para mí, sigue siendo fascinante que “hablar” una perspectiva permita visitar distintas disciplinas, mejorando la comprensión de la propia sin perder precisión.

Nos leemos la próxima!