ACT para pacientes refractarios al tratamiento: una investigación

Desde hace tiempo tengo la idea de que Terapia de Aceptación y Compromiso es un excelente abordaje para pacientes que han pasado por varios tratamientos con poco o ningún resultado.

Ciertas características del modelo parecen conspirar para esto: en primer lugar es un abordaje no confrontativo; en segundo lugar, pone un fuerte énfasis en la experiencia, es decir, en lo que funciona, en lugar de lo que debería funcionar; finalmente, es flexible y variado en cuanto a formas específicas de implementación: puede ir desde una aplicación relativamente estructurada, como la Matrix de Kevin Polk, a un abordaje puramente funcional y conversacional, como el que trabaja Matthieu Villate.

Hace unos días se publicó una investigación que pareciera sustentar esa intuición, así que si me acompañan, revisemos los datos, que están recién salidos del horno.

El estudio

Gloster y colaboradores (2015), en Alemania, investigaron los efectos de ACT en pacientes resistentes a tratamiento. Para ello, tomaron 43 pacientes diagnosticados con Trastorno de Pánico y agorafobia que previamente habían recibido una media de 43 sesiones de terapia (unos 10 meses de tratamiento, digamos), y que habían tomado una media de 2 psicofármacos distintos, sin lograr una mejoría significativa. También tenían un surtido extenso de diagnósticos comórbidos, como para aderezar la cosa.

Sólo se tomaron pacientes cuyas terapias previas hubieran sido tratamientos con soporte empírico, y se excluyeron del estudio los pacientes que no hubieran recibido terapias adecuadas para ese diagnóstico. De este modo si un paciente había recibido imposición de manos como «terapia», quedaría afuera de la investigación, y sólo se aceptaron pacientes cuyas terapias usualmente funcionan.

A esos pacientes se los asignó aleatoriamente a una de las dos condiciones experimentales:

  1. Un grupo de tratamiento en donde recibieron una versión modificada de ACT para trastornos de ansiedad.
  2. Un grupo control (se los puso en lista de espera durante 4 semanas, luego de la cual recibieron también el tratamiento).

El tratamiento activo consistió en 8 sesiones, dos veces por semana durante un mes y —esto es interesante— si bien los terapeutas que administraron el tratamiento estaban bien entrenados tanto en TCC como en ACT, no tenían experiencia alguna utilizando ACT con pacientes (de hecho, sólo recibieron 3 días de entrenamiento intensivo en ACT).

¿Cómo les fue?

Veamos los resultados de la investigación. Para eso, echemos un vistazo a los resultados de la intervención medidos con el PAS (Escala de Pánico y Agorafobia):

grafico1

En el eje vertical vemos las puntuaciones del PAS (a mayor puntuación, mayor severidad de síntomas). En el eje horizontal, 0 a 1 es el tiempo en el cual recibieron el tratamiento (la marca vertical en “1” representa el fin del tratamiento). Como recordarán, el tratamiento duró sólo un mes. El resto del gráfico (de 1 a 7 en el eje horizontal), muestra la evolución de los síntomas en los 6 meses subsiguientes al tratamiento.

A continuación podemos ver el gráfico del CGI (Impresión Clínica Global), que se utiliza para evaluar el funcionamiento general del paciente:

grafico2

Nuevamente, el eje vertical es severidad de síntomas (a mayor puntaje, mayor severidad y menos funcionamiento general), mientras que el eje horizontal es el tiempo. Con ambos instrumentos observamos lo mismo: las mejorías del tratamiento no sólo continuaron sino que se incrementaron una vez finalizado el mismo.

¿Qué sacamos en claro?

El estudio de Gloster y colaboradores, como todas las investigaciones, tiene sus limitaciones. Por ejemplo, la cantidad de participantes no fue muy grande (n=43), y la comparación se hizo con un grupo control, no con otro tratamiento activo (publicamos una continuación de este artículo en donde se compara ACT y TCC para estos pacientes en este link). Pero de todos modos, como estudio inicial en este campo, tiene algunas características interesantes.

En primer lugar, utilizar ACT con pacientes resistentes a tratamiento funcionó bien. Tengan en cuenta que fueron solo 8 sesiones con pacientes que en promedio habían pasado por unas 43 sesiones sin mucho beneficio. En segundo lugar, y esto me parece particularmente notable, los terapeutas no habían usado ACT jamás con un paciente. En tercer lugar, aún cuando la intervención fue muy breve, los efectos se sostuvieron y aumentaron a lo largo del tiempo.

Digámoslo a lo bestia: terapeutas con poca experiencia y poco tiempo de tratamiento pudieron obtener buenos resultados con pacientes resistentes, que siguieron mejorando una vez terminado el tratamiento.

Notable, ¿no?

Nos vemos la próxima!

Fuente

Gloster, A. T., Sonntag, R., Hoyer, J., Meyer, A. H., Heinze, S., Ströhle, A., Eifert, G., Wittchen, H.-U. (2015). Treating Treatment-Resistant Patients with Panic Disorder and Agoraphobia Using Psychotherapy: A Randomized Controlled Switching Trial. Psychotherapy and Psychosomatics, 100–109. doi:10.1159/000370162