ACT, la tercera ola y RFT


ACT y la tercera ola

ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso – dicho como una palabra, no un acrónimo), es un modelo clínico de intervención terapéutica, basado en el una perspectiva ontológica-epistemológica denominada contextualismo funcional y una teoría de los procesos psicológicos básicos denominada Teoría de Marco Relacional.

 Si bien el modelo se ha difundido en los últimos años, su desarrollo ha seguido un largo camino. La primera investigación publicada de una intervención proto-ACT (denominada en su momento distanciamiento comprensivo) data de 1986, y las investigaciones en procesos básicos son  anteriores a eso.

La Tercera Ola

 El modelo se inscribe dentro de los denominados abordajes de tercera generación, entre los que se encuentran DBT (Terapia Dialéctico Conductual), MBCT (Terapia cognitiva basada en Mindfulness), FAP (Psicoterapia Funcional Analítica), Terapia Metacognitiva,  entre otros. La denominaciónd de tercera generación (o “tercera ola”) proviene de conceptualizar a las primeras terapias conductuales como la primera ola, sobre la cual surgió el abordaje cognitivo: la segunda ola. La tercera ola, al igual que el cognitivismo, valora el papel que desempeñan las cogniciones y emociones, y en particular la relación con los contenidos internos, como un elemento crucial en la patología.

Otra característica fundamental es el énfasis en la investigación, y en que son teorías construidas en base a principios. En la práctica, todas ellas utilizan en mayor o menor grado técnicas derivadas de Mindfulness (atención o mente plena), ya sea como práctica formal o como aplicación informal de sus aspectos fundamentales. Sin embargo, el modo de aplicación y el énfasis varía notablemente de acuerdo al modelo. También se utilizan preferentemente métodos experienciales (ejercicios, metáforas) antes que expositivos, haciendo hincapié en la práctica y la experiencia personal de los conceptos.

 La relación terapéutica es otro elemento subrayado en estos abordajes, y se le presta suma atención a sus efectos en la práctica clínica.   Finalmente, en líneas generales, la tercera ola evita las clasificaciones sindrómicas y categoriales a favor de enfoques dimensionales e idiosincráticos, con lo cual el foco de la terapia no será la eliminación de síntomas, sino la mejora y desarrollo de la calidad de vida del paciente.
 En líneas generales, comparten muchos elementos con otros modelos psicoterapéuticos, pero no desde una perspectiva ecléctica, sino con una rigurosidad teórica y un criterio experimental notorio.

Contextualismo funcional

El contextualismo funcional es el sustrato filosófico de ACT/RFT. Sus postulados básicos fueron enunciados por Stephen Pepper (1942), y en cierto modo prefiguran algunos de los conceptos que 30 años más tarde Kuhn utilizará hablando de paradigmas.

Pepper postula que los sistemas filosóficos se erigen desde un tipo de cosmovisión o hipótesis del mundo, y que todas estas distintas hipótesis del mundo están caracterizadas por asumir dos elementos:

  1. Una metáfora raíz: una idea de sentido comun o cotidiana, con la cual el observador etiqueta e intenta comprender el mundo tal como se le presenta
  2. Un criterio de verdad: esto es, dentro de ese sistema, cuándo el análisis o descripción del mundo es tenido por cierto, es decir, evalúan la validez de los análisis llevados a cabo.
Un ejemplo bien conocido es el caso del mecanicismo: el mundo es conceptualizado como una máquina, esto implica que está formada por partes que interactúan entre sí de determinada manera. En el campo de la psicología, tenemos aquí los enfoques que postulan “la mente” como una máquina compuesta por piezas (pensamientos, sensaciones, etc). El criterio de verdad, es decir, cuándo un análisis de esa realidad es tenido por cierto, lo constituye la correspondencia, esto es, el enunciado del analista se corresponde con la realidad de lo observado. El mapa describe el territorio.

Pepper identifica otros tres sistemas además del mecanicismo: organicismo, formismo, contextualismo. En el caso del contextualismo funcional, que es el que nos interesa aquí, la metáfora raíz es el acto-en-contexto, esto es, la acción no separada (ni distinguida, a priori) del contexto, históricamente situada. Y el criterio de verdad en este caso es la operatividad exitosa (succesful working). Esto es, el analista en el caso del contextualismo funcional toma el acto en su totalidad, con todas sus vertientes y ramificaciones, y de allí extrae los elementos relevantes para sus metas u objetivos: el análisis es verdadero si esos objetivos son cumplidos, ya que si no lo son, no importa la elegancia o la correspondencia, el análisis es descartado, y el analista vuelve al acto-en-contexto, y selecciona distintas vertientes del mismo que, hipotéticamente, le permitan cumplir sus objetivos.

En el caso del contextualismo funcional, ese objetivo es influenciar y predecir, como una única meta (no basta con cumplir sólo una de las dos), y además, hacerlo de una determinada manera, con:

  • Precisión: el menor número de explicaciones posibles
  • Amplitud: un conjunto pequeño de principios debe poder ser aplicable a varias situaciones
  • Profundidad: debe ser coherente (o al menos, no contradictorio) con los resultados de otros niveles de análisis (por ejemplo, un análisis a nivel psicológico no debe ser contradictorio con los resultados a nivel biológico)
De esto se desprende una posición a-ontológica, es decir, no se presupone que el mundo sea de una determinada manera: la realidad es caótica y el orden lo introduce el analista. El otro aspecto fundamental implicado es el siguiente: el análisis debe tener un objetivo preciso y previamente definido, las metas del analista, de otro modo, no tiene sentido.

Este breve resumen de la posición filosófica es fácilmente trasladado a la práctica clínica: el terapeuta selecciona aquellos aspectos de la conducta del paciente sobre los cuales se pueda influenciar (y predecir). Como los pensamientos y emociones no son directamente manipulables, el terapeuta utiliza los aspectos que sí puede manipular: el contexto (incluyendo el social y verbal) en el cual tienen lugar. Se comprende entonces por qué esta posicion desemboca en un enfoque que utiliza aceptación y mindfulness: si el blanco será el contexto en que tienen lugar los pensamientos, no tiene sentido intentar modificarlos, sino que se tenderá a conceptualizarlos como parte del flujo de acción, y no necesariamente como causales.

Por ejemplo, el pensamiento “soy inadecuado” sólo se vincula con la conducta de evitar concurrir a una fiesta en determinado contexto: un contexto de literalidad, en el cual el pensamiento es tomado como una realidad. La intervención entonces no se dirigirá a “corregir” ese pensamiento, ni a encontrar sus “raíces” o “causas”, sino a cambiar el contexto en el cual ese pensamiento tiene lugar(quizá mediante técnicas de defusión): si el contexto de literalidad es más flexible, el paciente puede percibir ese pensamiento como sólo un pensamiento, no una realidad ni una causa,  e ir de todos modos a la fiesta. Este análisis sólo es verdadero en tanto se consigan las metas, y lo mismo vale para el paciente: un pensamiento será considerado “verdadero”, si ayuda a conseguir las metas, lo cual implicará definirlas previamente (de aquí se desprende el fuerte trabajo con valores personales que tiene ACT).

RFT

RFT son las siglas en inglés por “Teoría de Marco Relacional” (Relational Frame Theory), un acercamiento conductual a la cognición y el pensamiento. RFT está interesada en las respuestas relacionales, es decir, en las respuestas que un organismo da basandose en la relación de un estímulo con otro. Por ejemplo, una paloma puede aprender a responder basada en la relación de tamaño entre tres círculos, eligiendo siempre el menor, sin importar el tamaño absoluto del círculo, es decir, responder a la relación. RFT postula que todos los procesos vinculados con el lenguaje y la cognición humana se basan en este proceso básico, sólo que en el caso de los seres humanos es arbitrariamente aplicado, esto es, sin importar las características formales del estímulo. En esencia, la idea de RFT es simple: relacionar es un comportamiento aprendido, con determinadas características. Las implicaciones y ramificaciones de esta idea inicial llegan hasta procesos complejos como resolución de problemas, el uso de metáforas, el desarrollo del self, etcétera.

Se trata de una teoría de notable complejidad (los propios autores la denominan al libro de RFT “la cura del insomnio”), pero construida desde los cimientos, y con un poder predictivo notable, lo que ha permitido desarrollar un programa de investigación (unas 20 investigaciones planeadas), para poner a prueba los supuestos básicos de la teoría. Hasta ahora, las investigaciones han sido positivas, y se puede encontrar un sumario (o todas ellas) en el sitio de la ACBS (www.contextualpsychology.org).

Asimismo, una serie de aplicaciones se están desarrollando a partir de RFT. ACT es solo uno de los aspectos de RFT, la aplicación en un entorno clínico, pero RFT prevee aplicaciones en el campo de la educación, la discapacidad (particularmente autismo), desarrollo de niños y adultos, problemas clínicos, etc. Es en este sentido que RFT es más importante que ACT, ya que si sus postulados resultan ser ciertos (y la certeza se evalúa de acuerdo con las asunciones del contextualismo funcional, es decir, utilidad), tendríamos una teoría que podría explicar conductas complejas sin recurrir a constructos hipotéticos (tales como mente, inconciente, procesamiento de información), lo cual cumpliría con el principio de parsimonia (la navaja de Ockham), exigido a toda teoría.